Tradicionalmente cuando se aborda la temática de la violencia
contra la mujer, con frecuencia la atención es concedida de manera predominante
a la violencia física, verbal y psicológica, fundamentalmente ejercida por el
hombre contra su pareja mujer, sin embargo, en nuestras sociedades
contemporáneas las mujeres son victimas de una forma de violencia poco atendida
y no tipificada en la normativa jurídica de nuestros países, pero que ha
alcanzado grandes proporciones y ha cobrado la vida de una multiplicidad de
mujeres.
Esta violencia contra la mujer referida es la violencia estética,
la cual es de orden psicológico pero que tendrá efecto en el aspecto físico de
las mujeres, es decir, impacta su subjetividad pero también sus cuerpos, en una
sociedad que establece
la belleza como elemento constitutivo de la identidad y valoración
femenina.
Esta
violencia estética se inicia con el proceso de definición de manera arbitraria
de modelos y patrones de belleza mediante el imperialismo cultural, es decir, la violencia estética consiste en la promoción por parte
de los medios de comunicación y difusión masiva, la industria de la moda, de la
música y el mercado cosmético, de unos cuerpos “perfectos”, los cuales no son
más que cuerpos ficticios, irreales, concebidos como ideal, como deber ser, como
patrón a seguir, y donde las particularidades físicas de las mujeres son
denominadas “imperfecciones”, que de acuerdo a los criterios de belleza
reproducidos y transmitidos necesariamente han de ser intervenidas y suprimidas,
o en el menor de los casos corregidas.
Pero
la violencia estética es también, aquella que ejerce el sistema
patriarcal cuando los hombres desvalorizan la naturalidad del cuerpo femenino,
cuando asumen como criterio de valoración de belleza las mujeres ficticias, es
decir, el canon impuesto por el sistema, es violencia estética cuando los
hombres, esposos, padres, compañeros, novios, hermanos, amigos, promueven en las
mujeres que forman parte de su vida la transformación de sus cuerpos para lucir
mas atractivas, cuando son descalificadas y humilladas, es violencia estética
cuando el
hombre avergüenza a la mujer, critica con ahínco su imagen y apariencia
física por no lucir como esa
muñeca de perfectos rasgos y medidas exactas que le ha sido prometida por el
mercado.
La violencia estética es la violencia que ejerce el mercado de la
salud a través de médicos/as inescrupulosos/as que perciben a las mujeres como
objetos, como clientes, como negocio, es violencia estética cuando los/as
profesionales de la salud realizan procedimientos en condiciones inadecuadas,
cuando introducen en los cuerpos de las mujeres sustancias prohibidas por el
incumplimiento de la normativa de salud y alta peligrosidad como los
biopolímeros, es violencia estética cuando las mujeres no son informadas
detalladamente, asesoradas y advertidas acerca de los riesgos asociados a la
realización de procedimientos quirúrgicos o ambulatorios dirigidos a modificar
su imagen, es violencia estética la implementación de instrumentos inadecuados,
materiales vencidos, como también la reutilización de implantes para abaratar
los costos e incrementar sus ganancias a costa de la integridad física de las
mujeres.
Pero fundamentalmente es violencia estética aquella que ejercen las
mujeres contra si mismas, al evaluarse y valorarse a partir de los criterios
impuestos por un mercado capitalista que ha cosificado, mercantilizado y
comercializado sus cuerpos, es violencia estética aquella que cometen las
mujeres contra sí al someterse a cirugías invasivas, restricciones
alimentarías, procedimientos agresores de su integridad y su naturaleza, así
como,
todo el conjunto de elementos constitutivos de la tiranía de la
belleza, como medio de adecuación a la expectativa social estética y
estereotípica de la sociedad.
Es violencia estética la que ejercen las mujeres contra si mismas
al borra su identidad, sus particularidades y someter sus cuerpos al molde
impuesto de la belleza, es violencia estética el renunciar a quienes son, al
invisibilizar su historia escrita en sus cuerpos, en sus kilos, en sus marcas,
la violencia de borrar su unicidad…